domingo, octubre 28, 2012

Old habits die hard

Tenía años sin dibujar... la recta final de la tesis trajo consigo impulsos de procrastinación que desembocaron en esto. 

Esta debe ser de las pocas adicciones en las que es bueno recaer.

El resultado de mi obsesión con Leyendecker:







jueves, agosto 30, 2012

Por qué escribo

Hace unos días murió David Rakoff. Rakoff no sólo era de mis escritores favoritos, sino que además participaba con frecuencia en This American Life. Para los que no lo conocen aún, TAL es lo mejor que le ha pasado a la radio en el mundo y en la historia, y es la única justificación válida de la existencia de los podcasts, en mi humilde opinión.

Fue a través de This American Life que conocí a Rakoff y ahora que no oiré más su voz siento que me hará falta. 

Buscando la filmación de su última presentación en TAL (esta genialidad de presentación), conseguí un video suyo que titula: Why I Write (And Why it Only Gets Harder). 




A pesar de no considerarme una escritora, escribo. Me identifico con mucho de lo que plantea y me parece un tema súper interesante. He aquí mi versión.

Escribo porque leo, y me da envidia el talento con que otros doblan y desdoblan las palabras para darle forma a sus ideas, y que esas ideas muevan masas. Rand, Rilke, Rowling, Rakoff. Y esos son sólo por la R.

Escribo porque hay palabras que exigen, demandan, merecen ser puestas en ejercicio y sacadas a pasear, y no lo hacemos nunca. Son infinitas las oraciones que he escrito sólo para tener una excusa para usar palabras sabrosas. Cerúleo, nácar, ónice, azafrán. Y eso son sólo los colores.

Escribo porque no siempre quiero fastidiar a alguien con mis excesos, y el papel nunca se queja. Porque comparto la megalomanía Rakoffkiana de que lo que está en mi cabeza es algo que otros querrían escuchar, y lo cuelgo aquí con exhibicionismo esperanzado de recibir una respuesta.

Escribo porque creo ciegamente que las verdades más feas se pueden pulir hermosamente, y que todos los carbones tienen un potencial de diamante. Escribo porque esas cosas, habladas, no son editables, maquillables o photoshoppeables para lograr que tengan belleza. Pero escritas, sí.

Y es verdad, cada vez, me cuesta más. Me cuesta porque antes era más libre de lo que soy ahora, y cada día que pasa adquiero miedos nuevos. Antes, me permitía un desenfreno emocional al escribir que hoy en día me avergüenza un poco, y que fue el origen de mis mejores "piezas". Ahora, escribir en el momento más crudo me parece peligroso, y con la madurez tomo menos riesgos.

Los años traen consigo el pudor.
Pero qué aburrida sería la vida sin desnudarse.

Por eso escribo.
(Y porque me gusta)


PS: ¿Uds por qué escriben?

De repente, te lo encuentras...


Para Génesis Loizaga y Verónica Carvajal,
que seguramente saben lo que se siente.

De repente, te lo encuentras. Te sorprende haberte fijado en él, porque en realidad no se ve exactamente como los que siempre escoges, pero aún así hay algo en él que te llama. Quizás es por un instinto que vienes evolucionando, un sexto sentido desarrollado con el tiempo. Quizás es por curiosidad y ya. Pero te fijas.

Te atreves a acercarte lo suficiente como para darte cuenta que huele a todo lo que quieres: huele a la mezcla perfecta entre viejos continentes y callada madurez, con nuevas adicciones y experiencias desconocidas. Y te preguntas cómo es que sigue ahí, con ese olor a gloria, sin que nadie lo haya hecho suyo. Da lo mismo que no sea lo que buscabas. Cuando sabes que quieres algo, te deja de importar el precio que hay que pagar, o el riesgo de lanzarte a lo desconocido.

Si la suerte está de tu lado, al poco tiempo te das cuenta que estar con él es cómodo. Cómodo como si tuvieran una vida entera juntos, como si te hubiera acompañado ya a todas partes. Notas que él cabe perfectamente en todos tus tiempos libres (y en los no tan libres también). Y a veces, cuando no estás con él, te emociona pensar en el momento del reencuentro.

Te produce unas ganas locas de saltarte los pasos apropiados que dictan las normas escolares, las leyes cronológicas, y las reglas del Manual de Carreño. Lo quieres todo de una vez y no quieres esperar para tenerlo.

Pero si es de los buenos, de los pocos realmente buenos en esta vida, seguramente decidirás tener la paciencia como para ir conociéndolo como él quiere: de a goticas, caminando poco a poco a pesar del grandísimo territorio inexplorado que te queda por conquistar. A pesar de la promesa inminente de una aventura, justo a la vuelta de la esquina.

Eventualmente, llegará el momento en el que habrás pasado suficiente tiempo con él como para conocerlo todo. Ese momento en el que ya viste lo mejor y lo peor que te podía ofrecer. Y es en ese momento cuando sabes que lo encontraste: que existen estremecimientos que no desaparecen cuando se acaba la novedad. Que existe él, a quien puedes volver mil veces sin aburrirte ni un minuto, sin cansarte, sin querer cambiarlo. Que existe él, que sigue oliendo al mismísimo cielo, pero que además ahora huele un poco a ti.


Justo así es. 


Justo así se siente descubrir un buen libro.

martes, diciembre 20, 2011

Volver


Pero el viajero que huye
tarde o temprano detiene su andar.
Y aunque el olvido, que todo lo destruye,
haya matado mi vieja ilusión,
guardo escondida una esperanza humilde
que es toda la fortuna de mi corazón. 
-Carlos Gardel

Volver nunca tiene la misma frecuencia o ritmo que partir, y sin embargo, aún así, volvemos. Vuelve uno como vuelve el frío con las estaciones, y como vuelve la inocencia de la infancia cuando llega la vejez.

Volvemos, porque la verdad es que somos y seremos lo que fuimos. Del amor vinimos, al amor volvemos y otras tonterías sabias. Volver es como Gardel, y como los chivos sin cabeza, y como el viento al final de la Tierra, y como otras cosas que también insisten en llegar a los confines y desandar lo andado.

Volvemos porque el camino de regreso es distinto, o somos distintos nosotros. Vuelve el conquistador para contar su leyenda, y el conquistado para rescatar su identidad. Vuelve el lápiz a repasar su camino cuando está seguro del mismo, y vuelve el búmeran eterno del karma cada vez que puede.

Volver en inglés es hasta mejor, porque requiere repetir un giro, dar una vuelta. Eso me gusta porque implica que cada camino es un cambio, incluso el de regreso. Y volver nunca es repetir, ni está soñando con deshacer o rehacer, con desvivir o revivir. Volver es poner respuestas en donde se hicieron las preguntas.

Volver no tiene mucho de malo o peligroso o sin sentido, si te soy sincera. No tiene ni siquiera mucho de inusual. Y si vuelven el frío, la inocencia, lo que somos, Gardel, los chivos, el viento, el conquistador, el conquistado, el lápiz, y el karma; vuelve tú, vale, que eres a quien realmente quiero de regreso.

Vuelve, anda -que esos dos no son antónimos.