lunes, septiembre 29, 2008

De verbos copulativos


Eran dos sillas de playa, coloreadas de azúl intenso. Una para mí y una para ti.

Jamás he sido vanidosa, ni particularmente orgullosa de mi apariencia física, pero en ese momento imaginé con cierta malicia femenina que una sonrisa de lobo feroz te cruzaría la boca al verme así, tan caperuzamente distraída, en faldas cortas y descalza. Con semejante frivolidad de pensamiento en la cabeza, abrí la última página y leí la última línea de mi libro: un hábito ritualístico que invoca a la buena suerte y que no puedo dejar de lado nunca.

"Mañana comenzaré a construirla."

Callabas, y el tiempo se encargó de teñir con colores de nombres absurdamente exóticos, tales como "malva" y "azafrán", el cielo que antes brillaba con aturquezada aridez. No sabría decirte si había silencio o no, porque en medio de mi lectura suelo abstraerme lo suficiente como para no notar las cosas más obvias. Lo que sí sé, es que tú callabas. La blancura de las páginas que me encandilaban se fue percudiendo poco a poco, y en eso estaba cuando llegué a la línea que lo desencadenó todo.

"-Nunca me han hecho una pregunta como ésta. Y, además, tú todavía no has respondido a la mía.
-¿La de por qué estoy tan callada? (...)
-No, te equivocas (...), te pregunté si eras siempre igual de callada. No es lo mismo estar que ser. Entender esa diferencia es lo que hace a una persona sentir placer por escribir y, a otras, sólo escuchar, y si quieren, responder.

Ana Elisa sopesó la respuesta y no pudo ocultar la felicidad en su rostro por compartir un reto con Mariano. En ese momento todo lo que estaba pasando le gustaba. Creyó que podía decirle que allí, entre mangos, tomates y plátanos, ella era y estaba. O él estaba y ella era. Que los dos..."

Levanté los ojos del libro.

Sentía la necesidad imperiosa de leer el fragmento en voz alta para ti. Porque me gustaron las palabras. Porque siento placer al escribir. Porque adoro compartir un reto. Pero por sobre todas las cosas porque entendí perfectamente la diferencia entre el ser y el estar, en un momento en el que yo era demasiado Ana Elisa y tú estabas completamente Mariano.

Tu silla estaba vacía, como siempre lo estuvo.

Extendí la mano hacia el teléfono, dispuesta a interrumpir tu atardecer caraqueño, fusionándolo con el mío margariteño, sólo para contarte de mi hallazgo. Te busqué en la lista interminable de nombres. Traté por un instante de que fueras ese con el que más hablo últimamente, aprovechando que ya estaba titilando la luz que anuncia sus mensajes, pero las piezas eran de rompecabezas distintos y jamás encajaron. Traté de que fueras el que me hace sonreir con sus historias, pero el engranaje se había oxidado por falta de uso. Intenté de mil maneras que fueras el que me hace llorar a propósito, pero la erosión de las gotas saladas ha borrado casi por completo lo que tallamos alguna vez en piedra. Por último, casi como un grito desesperado, caí en el nombre de aquél que nunca supo verse en mis ojos, y sabiendo que no te encontraría allí, me di por vencida.

Malditos los verbos copulativos "ser" y "estar", y ya que estamos en esas, malditos también "yacer" y "parecer". Malditos sean porque probablemente ERES en algún lugar, sin ser mío; porque ESTÁS, pero perdido para mí; porque no te PARECES a nadie que conozca; y porque quizás YACES con alguien esta noche. Maldita soledad inadvertida, inesperada, inexorable, ineludible. Pero por sobre todas las cosas, maldito tú por ser imaginado y no real, por no haberte materializado en alguien todavía, por no tener rostro ni nombre y aún así ser al que le quiero leer en voz alta partes de libros que me gustan, del que me pienso enamorar, con el que quiero comerme el cereal del desayuno y junto a quien quiero sentarme en sillas azúles.

Recuerda que no estás sola, me dijo un amigo, con tono de premio de consolación. Lo que no supe responderle es que centenares de amigos no llenan un vacío así.

Sólo hace falta una persona.

Y él no está.

Ni es.

lunes, septiembre 22, 2008

LISTED: Oh, Happy Days...


Ser feliz es levantarse en la mañana sin que a uno lo despierten. Es tomarse una Coca Cola demasiado fría y recién abierta la botella, cuando el hielo todavía no se ha derretido. Es que empiece a llover justo después de que entraste a tu casa. Es ver una película en blanco y negro en la que los hombres siguen siendo héroes, las mujeres siguen siendo damas y el amor sigue siendo puro. Es la ropa caliente cuando la sacan de la secadora y hace frío. Es el semáforo cuando se pone en verde justo antes de que tengas que frenar porque estaba en rojo. Es una bolsa de Reeses Pieces.

Ser feliz es que no te pidan un beso, sino que te lo roben. Es viajar. Es tu cena favorita, calentica y lista en lo que llegas a la casa. Es enterarse de un chisme buenísimo. Es el frío que pega cuando abres la puerta de un apartamento con aire acondicionado en Margarita, después de que has subido las maletas por las escaleras cuatro pisos, en pleno Sol de medio día. Es tener el inalámbrico al lado cuando suena el teléfono. Es asustar a alguien y reirte por días de la reacción. Es romper un record en el Wii. Ser feliz es encontrar la ocasión perfecta para decir un chiste que tenías guardado desde hace semanas.

Ser feliz es comprar algo con tu propia plata y sentirse autosuficiente. Es cuando el carro no se duerme en la subida de Los Naranjos. Es asomarse a la ventana y ver Manhattan. Es leer las comiquitas del Domingo antes de leer el resto del periódico. Es inventar la letra de una canción que no te sabes, para poder cantarla. Es el olor a libro viejo. Es una foto tomada al azar que salió increíblemente bien. Es reirse de uno mismo. Es una arepa de queso amarillo. Es ser cómplice de un secreto y sonreir acordándose. Es tener algo bueno que contar.

Ser feliz es una carta, en vez de un e-mail. Es enamorarse de Venezuela, sin darse cuenta. Ser feliz es que un camionero te de paso en una cola. Es emperifollarse para una fiesta en La Esmeralda. Es ver a un bebé arendiendo a caminar. Es la primera vez que le agarras la mano a la persona que te gusta. Es una montaña rusa, cuando te atreves a soltar las manos y gritas como si lo que viniera es la muerte segura. Es pararse en el taco y lanzarse a la piscina, y nadar hasta que se quedan atras los problemas y lo único que oyes son tus brazadas.

Ser feliz es una amiga que no cambia. Es hacer burbujas. Es ganar cuando te retan. Es tu canción favorita en la radio. Es que se volteen a verte cuando pasas caminando. Es un par de zapatos nuevecitos. Es confesar algo. Es meterse en un libro tanto que pases horas sin comer o dormir o moverte, y que no te importe ni te des cuenta. Es saltar cuerda. Es la ropa interior de colores extravagantes. Es un globo de los de helio, que flotan. Es no tener todas las respuestas. Es tener alguien a quien escribirle. Es tener algo que escribir.

jueves, septiembre 11, 2008

De chivos y tickets...

ESCENARIO: C.C.Tolón, 6pm y la cola para pagar el ticket del estacionamiento: sin precedentes. Alicia se pone en la fila, con ticket, plata y llaves del carro en la mano, como si eso hiciera posible salir más rápido del infierno subterráneo. El amigo con el que anda (Rodrigo) le nota a Alicia en la cara que sus ánimos sulfurados por la impaciencia pueden resultar en una suerte de combustión espontánea en cualquier momento, así que la conversación fácil que llevaban hasta entonces muere drásticamente. Frente a ellos, una mamá histérica lleva de la mano (arrastra violentamente) a un niño como de tres años, con los ojos llenos de tragedia como los de Bambi cuando los cazadores lo dejan semihuérfano. Durante los 15 minutos que toma llegar hasta la cabina donde la cajera cobra lento a propósito, la relación madre/hijo se deteriora progresivamente...

Madre: Un chivo, Juan Andrés. ¡UN CHIVO ES LO QUE TÚ ERES! (ok... ¿Quién le dice a alguien que es un chivo, y bajo que circunstancias se hace uno acreedor de semejante epíteto?)
Juan Andrés: ...sniff...
Madre: Sólo un chivo hace esas cosas. Sólo un chivo bruto. Bruto, no. ¡BRUTÍSIMO!
Juan Andrés: ...sniff sniff....
Madre: No, no. A mí no me vas a lloriquear así, Juan Andrés. Bastante pena me haces pasar cada vez que salimos, Chivo. CHI-VO. C-H-I-V-O ¡CHIVO! (como si el niño supiera deletrear o le quedara de esa forma más claro que él no es un pequeño primate cuasi-civilizado, sino un chivo)
Juan Andrés: Pero mamita...
Madre: Mamita nada, chico. MAMITA NADA. NA-DA, N-A-D-A ¡NADA! (a la señora le gustaba lo de separar en sílabas y deletrear)
Juan Andrés: ...sniff...
Madre: Mira, no sigas con la lloraderita. No tienes razones para estar llorando. Si tú lo que quieres es llorar, yo te doy razones para que llores. ¡CHIVO! (Los gritos de CHIVO eran cada vez más altos, así que ahora cada vez que lo lean, imagínense a toda la cola de gente dando un saltico disimulado de pánico)
Sr. Metiche: ¡Señora, por favor deje de decirle chivo al niño!
Madre: Este es MI hijo y yo le digo como me de la gana. ¡COMO ME DE LA GANA, ¿OYÓ?! Es MI chivo, ¿oyó? MI CHIVO.

Ya a estas alturas, Roro y Alicia intercambian miradas de asombro. Él tiene una sonrisa en la cara de que lo que tiene son ganas de espaturrarse de la risa, y ella, horrorizada, viendo la escena con ojos de que al próximo "CHIVO" apelará a la LOPNA, o como mínimo se tomará la molestia de explicarle a la señora que para dar a luz a un chivo se tiene que ser cabra (léase, cabr*na). La cola ha avanzado, y le toca a la Madre pagar el ticket.

Cajera: ¿Ud. otra vez? (ahora todos los de la cola nos vemos la cara. Aparentemente el episodio de la Madre y el Chivo se repite regularmente)
Juan Andrés: (Con cara culpable, y asintiendo con la cabeza) ...sipi.
Cajera: ¿Y su ticket?
Madre: No lo tengo.
Cajera: Bueno, tiene que pagar ticket perdido entonces.
Madre: NO ME VENGA CON ESA. Usted vio que yo pagué ese ticket hace como 15 minutos.
Cajera: Bueno, pero si de aquí al carro lo perdió, igual es un ticket perdido, yo no puedo hacer nada.
Juan Andrés: ...sniff...
Madre: Llámeme YA MISMO al supervisor. YA MIS-MO.

Todos en la cola soltamos un suspiro colectivo, señal de que sabemos que esto nos va a costar media hora de nuestro día. La mujer voltea y con una mirada, de esas fulminantes que sólo una madre es capaz de lanzar, nos silencia rapidito. La mujer luego regresa su atención a Juan Andrés y susurra algo ininteligible de lo que sólo se distingue "chivo, chivo, tú lo que eres es un chivo, chivo, bruto, chivo..."

Supervisor: ¿Cómo la ayudo, señora?
Madre: Que yo pagué mi ticket, ¿No? Aquí está la facturita y todo (un papelito arrugado)...
Supervisor: Ajá...
Madre: Y bueno, que ya no tengo ticket y quiero salir.
Supervisor: ¿Perdió el ticket?
Madre: No...
Supervisor: ¿Se le mojó o arrugó?
Madre: No...
Supervisor: Y entonces, ¿Se lo tragó la máquina?
Madre: ¿La máquina?, OJALÁ. No, señor. (Como le tiene agarrada la mano a Juan Andrés, levanta el brazo y al niño al mismo tiempo.) Dile, Juan Andrés. Dile lo que hiciste.
Juan Andrés: No, mami, no quiero.
Madre: Se lo dices tú o se lo digo yo. Mire, como yo estaba manejando se lo pasé a éste que está aquí para que me lo sostuviera mientras iba de retroceso, y EL CHIVO, PORQUE SÓLO UN CHIVO COME PAPEL, SE LO TRAGÓ. ¡CHIIIVOOOOO!


Por supuesto, de ahí en adelante no escuchamos lo que pasó, porque la carcajada colectiva del público atento no nos dejaba, y porque nosotros mismos tuvimos que sentarnos y respirar para pasar el ataque de risa. No me queda más que agradecerle a los chivitos caraqueños, que son locos bajitos, por hacer de las suyas cada vez que pueden; y a las madres histéricas, que son locas altotas, por hacer de mi cola una anécdota y de mi tarde algo digno del teatro, o como mínimo, de Seinfeld.

domingo, septiembre 07, 2008

Mensajitos Equivocados de Medianoche (2)


SETTING: Dos de la mañana. Casi llegando a la escena de la declaración de amor de When Harry Met Sally, mitad dormida y mitad despechada porque Harry no aparece y obviamente yo soy Sally en la fiesta de año nuevo. Justo cuando Sally decide que ya se va porque no se cala esa de que todos estén besuqueándose y ella no, y yo por mi parte decido que en lo que se acabe la película me voy a dormir por razones parecidas, me llega un mensajito al celular.

Obviamente, como cualquiera que esté sola y despierta un sábado en la noche, pego un brinco para agarrar el aparato, creyendo que es el mismísimo príncipe azúl, o mi versión venezolana de Harry que se dio cuenta de que me ama desde siempre (ok, eso no lo pensé, pero sí pensé que a lo mejor era alguien interesante). Aquí el contenido de dicho mensaje, textualmente:

"cielo ya llegue baile mucho por que a la final simon se nos unio :D ya me bañe y me voy a dormir llamame al cantv mañana y dime si almuerzamos!"

Disectémoslo, puesto que lo amerita:

CIELO: Partimos de un punto incial: A y B tienen una relación lo suficientemente íntima, como para que decirse "Cielo" entre ellos sea algo normal. Por una cuestión de principio, no puedo concebir que una amiga le diga a su amigo "cielo", así que tomemos la teoría del noviazgo. A(na) es la novia de B(eto), y es la que escribe el mensaje. B es el receptor pasivo, como descubriremos más adelante.

YA LLEGUE(sic): Esto quiere decir que A asume que B está esperando a que ella llegue a su casa, despierto, a las 2am. Si A estaba en lo correcto, bien estúpido B, sentado en su casa solito, cuando su novia o la chama a la que le permite la babosada de que lo llame "cielo", está rumbeando hasta altas horas de la noche.

BAILE(sic) MUCHO POR QUE(sic) A LA FINAL(sic) SIMON(sic) SE NOS UNIO(sic): Aquí confirmamos que el pobre B de verdad es un idiota, porque la joyita de A no sólo andaba por las calles de la vida sin su "cielo", sino que además andaba bailando mucho, no porque guste del hobby, sino porque Simón estaba ahí. Se les unió Simón: causa. La niña baila: consecuencia.

YA ME BAÑE(sic): Me gusta pensar que esto era información innecesaria, por el bien de A. Si a B de verdad le urgía saber el status de aseo y sanidad de A, me preocupa un poco esa relación.

Y ME VOY A DORMIR: "Y no me importa haberte despertado sin necesidad, sólo para decirte que llegué de mi rumba, porque yo tengo sueño." o "Y qué bien que te hayas quedado despierto esperándome, pero yo sí quiero dormir." Not nice, A. Not nice at all.

LLAMAME(sic) AL CANTV MAÑANA Y DIME SI ALMUERZAMOS(Santa María Misericordiosa, ¡¡SIC!!): A se despide con la deferencia o indiferencia que la caracteriza, dejando bien claro que ella está bien sola o acompañada (o con Simón), que le da igual si B come con ella o no, y que si el ajado y vejado B quiere disfrutar de su grata compañía a la hora del almuerzo, pues que se mueva a buscarle fiesta porque ella no llama a nadie.

!: Luego de cuatro oraciones independientes, otras tantas oraciones subordinadas, una completa falta de acentuación y la incapacidad de conjugar verbos comunes o de diferenciar un "porque" de un "por que", A recuerda que existe la morfosintaxis, y por adorno o emoción le lanza al mensaje la puntuación incompleta para el completo desastre gramatical que representó su breve epístola. Que verguenza que mis (sic)s parecían ya hipos y no adverbios, y que la chama supiera poner exclamaciones pero no comas ni puntos.

El último contenido que podemos extraer es que A ni squiera se sabía bien el teléfono de B, porque me mandó a mí el mensaje.

De todo este análisis derivamos dos conclusiones:

1. Que B, gafo como siempre, sigue sentado en algún lugar de Venezuela preguntándose si Simón se zandungueó a su novia y por qué la susodicha no ha llegado.
2. Que A debe estar en el quinto sueño, sin sospechar que su error telefónico resultó un acto de terrorismo psicológico en contra de B y la única dicha de mi noche...

Ahora, de regreso a When Harry Met Sally.

jueves, septiembre 04, 2008