Quisiera que mis palabras pudieran cobrar la forma de los ángulos orgullosos de tu cuello, cuando peleábamos; o la fuerza tácita de tus manos, cuando me abrazabas.
Quisiera que los puntos de mis párrafos estuvieran hechos del mismo ónice de tus pupilas, para jugar a contrastarlos con el verde tan absurdo de tus ojos. El verde que era mi espejo. El verde que era infinito.
Quisiera desdoblar las letras y usar los hilos negros para dibujar tu cabello, justo como se veía en el instante en el que te despertabas. Tan desordenado e irreverente como tus risas y tus anhelos.
Quisiera que las sílabas tónicas de mis esdrújulas tuvieran la soltura y el ritmo de tus pasos, cuando sonaban fuertes y seguros sobre las escaleras. Cuando jugabas a perseguirme y yo a que me atraparas.
Quisiera lograr con cada coma el sonido extraordinario de tus silencios. Las pausas e inflecciones con las que le agregabas ternura o pasión a todos las historias compartidas, a todos los secretos susurrados.
Pero el tiempo hace lo que siempre hace.
Y los ángulos se humillan.
Y las manos se rinden.
Y los verdes se acaban.
Y los hilos se cortan.
Y los pasos se callan.
Y los silencios gritan.
Y eres un fantasma.
Y no puedo escribirte.
Happy Bday, you.
