lunes, febrero 16, 2009

Himno


Ya no tiene gloria el bravo pueblo, desde que se dividió en dos: los bravos y el pueblo.

Los que alguna vez lanzaron un yugo, hoy se someten voluntariamente a otro. Uno distinto, mejor adornado, más prometedor. Pero porque yo te pinte de colores las paredes de tu cárcel no deja de ser una cárcel, y eso es lo que no han visto.

Aquello de ir por la vida "la ley respetando" es algo bien lindo pero hoy en día es opcional para algunos, como por ejemplo el Sr. Saab. Eso sí, para otros es absolutamente obligatorio, sino pregúntenle a los 23 que estuvieron detenidos ayer por delitos electorales.

La virtud y el honor los redefinimos todos, y si bien es cierto que antes eran valores universales, ahora usted puede, por el módico precio de tener una opinión, pintarlos de su color favorito, sea rojo o azulito, y usarlos como mejor le convenga.

Abajo quedaron las cadenas que nos hicieron depender de España, y nosotros las recogimos para depender, peor aún, no de una nación sino de un hombre. Un hombre que como todos tendrá sus cosas buenas y sus cosas malas, pero que definitivamente es hombre. No Dios. No Mesías. No Héroe. Un hombre. Un señor como cualquier otro señor, al que anoche le dieron la única llave para soltar las cadenas, pero que no tiene intenciones de hacerlo. Amarraditos nos vemos más bonitos.

Y ahora recuerdo por qué "gritaba el señor." Porque los que tenían el poder no escuchaban a todos, sino a algunos. Porque había voces que no se oían, y tenían que alzarse para hacerse escuchar. Y ahora yo digo, si antes el señor gritó y le compusieron un himno, ¿qué pasa ahora que medio país grita y la otra mitad le sube el volumen al himno para no escucharnos?

El pobre en su choza, sigue siendo pobre y sigue sin poder salir de su choza. Sigue con hambre. Sigue con frío. Sigue con miedo. Y lo que es peor, sigue creyendo que vendrá alguien a salvarlo sin entender que la salvación no se la va a regalar nadie sino que la tiene que buscar él mismo. Que la salvación no tiene nombre y apellido, ni vive en Miraflores.

Libertad pidió. Pero la libertad no tiene dueño. Si alguien tiene el poder para dártela, tiene el poder para quitártela, y ya con eso no eres libre. Por eso no es algo que se puede pedir como limosna, sino algo que se tiene que merecer. Por eso aquí se sudó pateando calle. Por eso aquí se lloró esperando resultados. Por eso aquí cuando nos caemos nos levantamos, nos sacudimos el polvo y seguimos.

Para que más temprano que tarde, cuando el pueblo vuelva a ser uno y glorioso y bravo, cuando lancemos el yugo, cuando respetemos la ley, cuando haya virtud y honor, cuando nos cansemos de las cadenas, cuando oigan nuestro grito, cuando el pobre deje la flojera y salga solo de su choza, cuando dejemos de pedir la libertad que ya era nuestra, y cuando Libertad vuelva a ser un Santo Nombre....

...vuelva a temblar de pavor el vil egoísmo que otra vez triunfó.

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Si va usted a cantar el himno, cántele mejor a otra cosa.
Cántele a la sangre joven y al sueño viejo.
Cántele a las siete estrellas,
y al caballo que mira hacia atrás porque aprende del pasado.
Cántele a las huellas cansadas de nuestros pasos.
O cántele usted al río.
Porque aunque el río sea muy manso,
poquito a poco, se enfrenta al mar.