martes, agosto 30, 2011

Una apología a las despedidas


"Desbaratando encajes, regresaré hasta el hilo."
-Andrés Eloy Blanco

Me he despedido definitivamente de muchas cosas. Y por eso, estoy segura de que en esos últimos momentos, a él le hizo falta agarrar el abrigo y el sombrero, no porque fuera elegante, sino porque al despedirse de Scarlett le temblaron las manos. Las despedidas definitivas siempre dan miedo.

Porque he dicho adiós tantas veces, estoy segura de que él necesitó la neblina que le permitió desaparecer rápidamente. No porque quisiera que ella sintiera su ausencia al perderlo de vista, sino porque necesitaba que ella pensara que él nunca miró hacia atrás. Las despedidas definitivas siempre son orgullosas.

"¿A dónde iré?", pregunta siempre Vivian Leigh, "¿Qué haré?". Por eso sé que él necesitaba escuchar ciertas cosas dichas en voz alta. Para poder darse cuenta que después de tantos años de querer darle respuestas y ofrecerle salidas, tenía finalmente los bolsillos vacíos de intentos. Las despedidas definitivas siempre son renuncias.

"Francamente, me importa un bledo", seguirá respondiendo Clark Gable, una y otra vez. No para ganar la guerra, sino para perderla por fin. Para admitirle con una sola oración que ella tenía razón en todas sus acusaciones, aún cuando no la tuviera. Para no tener que luchar más contra ella un caso perdido de persuasión argumentativa. Las despedidas definitivas siempre son una suerte de confesión coercionada.

A Rhett, como a mí, tampoco se le darían fácilmente las despedidas. Le deben haber sobrado tantas razones como ella tenía defectos para querer quedarse. Pero como en tantas despedidas, sólo hizo falta una razón para querer irse: saber que se quiere más de lo que se es querido. Las despedidas definitivas siempre conllevan descubrimientos duros.

Como tantos otros, Scarlett dice "Pensaré en ello mañana" al verlo irse, creyendo que siempre habrán nuevas oportunidades de cambiar. Ella que se había dedicado a juzgarlo tantas veces, olvidó que ningún veredicto es parcial o temporal: Bueno o malo, inocente o culpable, se quiere o se odia, se queda o se va. Las despedidas definitivas siempre son como sentencias.

Tal vez porque he dejado tantas cosas, también sé que en esos últimos momentos, mientras la cámara enfocaba su espalda, Clark Gable sonrió. Porque dentro de todo lo malo y lo feo de renunciar a lo que uno quiere, da un poco de orgullo saber que es posible sobrevivir al golpe más duro e inesperado posible. Da un poco de orgullo saber que se tiene la convicción para tomar una decisión difícil y mantenerla, a pesar de flaquear por el dolor en el camino. Da un poco de orgullo enfrentarse a nuestros peores miedos. Da un poco de orgullo contar con el autocontrol pera no regresar a donde queríamos estar, y no nos quieren. Y con esa resolución, Rhett Butler y yo suspiramos tranquilos, y admitimos que las despedidas no son del todo malas. Las despedidas definitivas siempre dan un poco de satisfacción.

1 comentarios:

  1. " Da un poco de orgullo saber que se tiene la convicción para tomar una decisión difícil y mantenerla, a pesar de flaquear por el dolor en el camino."

    Lo leí la primera vez y se me espelucó el cuerpo. La segunda vez se me aguaron los ojos. Pero la tercera vez lo entendí todo.

    ResponderSuprimir