martes, agosto 30, 2011

STATUS: Miss A está leyendo a Frank O'Hara

No suelo publicar en el blog cosas que yo no haya escrito. De hecho, creo que antes de esto sólo lo he hecho una vez. Pero en este caso, repito aquella excepción para compartir una genialidad de Frank O'Hara. No sé qué es lo que más me gusta, si es que habla del Frick que sin duda alguna es mi lugar favorito del planeta, o si es la referencia a Marcel Duchamp, o el atardecer neoyorquino. Creo que es la manera en la que O'Hara hace lo mismo que los Beatles con "I wanna hold your hand": reducir un universo de profundidades y sentimientos al placer sencillo de compartir una Coca Cola con la persona que quieres -la experiencia maravillosa que no quiere dejar pasar.

HAVING A COKE WITH YOU is even more fun than going to San Sebastian, Irún, Hendaye, Biarritz, Bayonne or being sick to my stomach on the Travesera de Gracia in Barcelona. Partly because in your orange shirt you look like a better happier San Sebastian, partly because my love for you, partly because your love for yoghurt, partly because of the fluorescent orange tulips around the birches, partly because of the secrecy our smiles take on before people and statuary.

It is hard to believe when I'm with you that there can be anything as still, as solemn, as unpleasantly definitive as statuary, when right in front of it, in the warm New York 4 o' clock light, we are drifting back and forth between each other like a tree breathing through its spectacles.

And the portrait show seems to have no faces in it at all, just paint. You suddenly wonder why in the world anyone ever did them. I look at you and I would rather look at you than all the portraits in the world. Except possibly for the Polish Rider, occasionally, and anyway it's in the Frick, which thank heavens you haven't gone to yet so we can go together the first time. And the fact that you move so beautifully more or less takes care of Futurism. Just as at home I never think of the Nude Descending a Staircase or at a rehearsal a single drawing of Leonardo or Michelangelo that used to wow me. And what good does all the research of the Impressionists do them when they never got the right person to stand near the tree when the sun sank, or for that matter Marino Marini when he didn't pick the rider as carefully as the horse?

It seems they were all cheated of some marvelous experience, which is not going to be wasted on me. Which is why I am telling you about it.

Una apología a las despedidas


"Desbaratando encajes, regresaré hasta el hilo."
-Andrés Eloy Blanco

Me he despedido definitivamente de muchas cosas. Y por eso, estoy segura de que en esos últimos momentos, a él le hizo falta agarrar el abrigo y el sombrero, no porque fuera elegante, sino porque al despedirse de Scarlett le temblaron las manos. Las despedidas definitivas siempre dan miedo.

Porque he dicho adiós tantas veces, estoy segura de que él necesitó la neblina que le permitió desaparecer rápidamente. No porque quisiera que ella sintiera su ausencia al perderlo de vista, sino porque necesitaba que ella pensara que él nunca miró hacia atrás. Las despedidas definitivas siempre son orgullosas.

"¿A dónde iré?", pregunta siempre Vivian Leigh, "¿Qué haré?". Por eso sé que él necesitaba escuchar ciertas cosas dichas en voz alta. Para poder darse cuenta que después de tantos años de querer darle respuestas y ofrecerle salidas, tenía finalmente los bolsillos vacíos de intentos. Las despedidas definitivas siempre son renuncias.

"Francamente, me importa un bledo", seguirá respondiendo Clark Gable, una y otra vez. No para ganar la guerra, sino para perderla por fin. Para admitirle con una sola oración que ella tenía razón en todas sus acusaciones, aún cuando no la tuviera. Para no tener que luchar más contra ella un caso perdido de persuasión argumentativa. Las despedidas definitivas siempre son una suerte de confesión coercionada.

A Rhett, como a mí, tampoco se le darían fácilmente las despedidas. Le deben haber sobrado tantas razones como ella tenía defectos para querer quedarse. Pero como en tantas despedidas, sólo hizo falta una razón para querer irse: saber que se quiere más de lo que se es querido. Las despedidas definitivas siempre conllevan descubrimientos duros.

Como tantos otros, Scarlett dice "Pensaré en ello mañana" al verlo irse, creyendo que siempre habrán nuevas oportunidades de cambiar. Ella que se había dedicado a juzgarlo tantas veces, olvidó que ningún veredicto es parcial o temporal: Bueno o malo, inocente o culpable, se quiere o se odia, se queda o se va. Las despedidas definitivas siempre son como sentencias.

Tal vez porque he dejado tantas cosas, también sé que en esos últimos momentos, mientras la cámara enfocaba su espalda, Clark Gable sonrió. Porque dentro de todo lo malo y lo feo de renunciar a lo que uno quiere, da un poco de orgullo saber que es posible sobrevivir al golpe más duro e inesperado posible. Da un poco de orgullo saber que se tiene la convicción para tomar una decisión difícil y mantenerla, a pesar de flaquear por el dolor en el camino. Da un poco de orgullo enfrentarse a nuestros peores miedos. Da un poco de orgullo contar con el autocontrol pera no regresar a donde queríamos estar, y no nos quieren. Y con esa resolución, Rhett Butler y yo suspiramos tranquilos, y admitimos que las despedidas no son del todo malas. Las despedidas definitivas siempre dan un poco de satisfacción.