martes, diciembre 20, 2011

Volver


Pero el viajero que huye
tarde o temprano detiene su andar.
Y aunque el olvido, que todo lo destruye,
haya matado mi vieja ilusión,
guardo escondida una esperanza humilde
que es toda la fortuna de mi corazón. 
-Carlos Gardel

Volver nunca tiene la misma frecuencia o ritmo que partir, y sin embargo, aún así, volvemos. Vuelve uno como vuelve el frío con las estaciones, y como vuelve la inocencia de la infancia cuando llega la vejez.

Volvemos, porque la verdad es que somos y seremos lo que fuimos. Del amor vinimos, al amor volvemos y otras tonterías sabias. Volver es como Gardel, y como los chivos sin cabeza, y como el viento al final de la Tierra, y como otras cosas que también insisten en llegar a los confines y desandar lo andado.

Volvemos porque el camino de regreso es distinto, o somos distintos nosotros. Vuelve el conquistador para contar su leyenda, y el conquistado para rescatar su identidad. Vuelve el lápiz a repasar su camino cuando está seguro del mismo, y vuelve el búmeran eterno del karma cada vez que puede.

Volver en inglés es hasta mejor, porque requiere repetir un giro, dar una vuelta. Eso me gusta porque implica que cada camino es un cambio, incluso el de regreso. Y volver nunca es repetir, ni está soñando con deshacer o rehacer, con desvivir o revivir. Volver es poner respuestas en donde se hicieron las preguntas.

Volver no tiene mucho de malo o peligroso o sin sentido, si te soy sincera. No tiene ni siquiera mucho de inusual. Y si vuelven el frío, la inocencia, lo que somos, Gardel, los chivos, el viento, el conquistador, el conquistado, el lápiz, y el karma; vuelve tú, vale, que eres a quien realmente quiero de regreso.

Vuelve, anda -que esos dos no son antónimos.