domingo, febrero 19, 2012

El Cierre Escrito de Alejandra


"Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos."
-Pablo Neruda

Ale,

Para mi es hora del cierre escrito, de la contraportada, de los puntos finales. Es hora de trancar la puerta, de firmar el libro, del apretón formal de manos entre dos gigantes formidables: las que éramos y las que somos.

En otros tiempos, es invierno en Nueva York y estamos sentadas bajando el almuerzo en una plaza, compartiendo un inhalador de asma entre risas y tos. En estos tiempos, es Carnaval en Caracas y no sé nada de lo que eres, no sabes nada de lo que soy, y no nos interesa. Y yo necesito que estos dos tiempos cohabiten mi cabeza sin que uno cancele al otro.

No puedo soltar tu versión anterior de la mano. Es tan simple como eso. Esa persona que fuiste alguna vez está tan arraigada en mi pasado y mi identidad que no es una opción plausible reemplazarla con una nueva realidad. La evidencia está en todas partes: puedo ver en mi Facebook y mi e-mail y mi cuarto y mis cuadernos cuánto te quise y te quiero. Que me hayas devuelto o no ese privilegio, ya no importa. Por años me sentí acompañada por ti, haya sido sincero o no. Como dice Charlotte en Charlotte's Web, fuimos amigas y ese solo hecho ya es en sí una cosa tremenda. 

Tampoco puedo por otra parte desechar el presente. Si el juego era ver quién salía más fregada, en todo sentido gané yo. Fui yo quien siguió contando los días sin hablarnos, quien lloró hasta hace semanas lo que tú superaste hace meses, y quien, acusada de tener dos caras, tuvo que enfrentarse de golpe al sello detrás de la cara de tu moneda. Claramente, no existe marcha atrás para nosotras. Admito que yo albergué las esperanzas hasta hace muy poco. 

Una de las dos versiones que conozco de ti tiene que ser verdad, y una tiene que ser mentira. Pero hoy vine a dejar por escrito que voy a dejar de intentar adivinar cuál es cuál. Vine a dejar por escrito que sin saberlo soy más feliz, porque así no se pierde del todo lo que fuimos y no gana del todo lo que somos.

Vine a admitir que en el último caso no tenía la razón yo. Que exageré en mis reacciones. Que muchas veces puse mis intereses por encima de los tuyos. Que mi rabia más grande fue que en algunas cosas no te equivocaras al juzgarme. Admito de la manera más pública posible que no soy la mejor persona, ni la más fácil tampoco. 

Pero vine también a recordarme a mi misma que no fueron sólo mis errores los que nos trajeron hasta acá. Que me echaste en cara pecados que eran tan tuyos como míos, que tomaste la salida fácil a todo siempre, que nunca tuviste el coraje para reclamar algo o defender las cosas en las que creías o que querías. Que escogiste voluntariamente pensar lo peor de mí por las razones más adolescentes posibles y sin decir nada, por años. Y finalmente, que hoy me resientas por las cosas que tú no lograste y que yo no te impedí.

Creo que he aprendido mucho de la manera en la que resultaron las cosas. Me gusta pensar, aunque nunca lo sabré, que tú también cambiaste para bien a raiz de lo que pasó. Y si de imaginar tu presente se trata, me encanta pensar, aunque no sea real, que tú también lloras y extrañas lo que fuimos, que también te cuesta verme, y que recuerdas con nostalgia las cosas buenas. 

Porque finalmente, como dice e.e.cummings, ésta es la raiz de la raiz, y el brote del brote, y el cielo del cielo de un árbol llamado vida, que crece más alto de lo que el alma pueda esperar o la mente ocultar. Ésta es la maravilla que mantiene separadas las estrellas: que sigo llevando tu corazón atado al mío, para bien o para mal. O mejor dicho, para bien Y para mal.

Y que eso es algo con lo que por fin estoy dispuesta a vivir.

-A