jueves, agosto 30, 2012

Por qué escribo

Hace unos días murió David Rakoff. Rakoff no sólo era de mis escritores favoritos, sino que además participaba con frecuencia en This American Life. Para los que no lo conocen aún, TAL es lo mejor que le ha pasado a la radio en el mundo y en la historia, y es la única justificación válida de la existencia de los podcasts, en mi humilde opinión.

Fue a través de This American Life que conocí a Rakoff y ahora que no oiré más su voz siento que me hará falta. 

Buscando la filmación de su última presentación en TAL (esta genialidad de presentación), conseguí un video suyo que titula: Why I Write (And Why it Only Gets Harder). 




A pesar de no considerarme una escritora, escribo. Me identifico con mucho de lo que plantea y me parece un tema súper interesante. He aquí mi versión.

Escribo porque leo, y me da envidia el talento con que otros doblan y desdoblan las palabras para darle forma a sus ideas, y que esas ideas muevan masas. Rand, Rilke, Rowling, Rakoff. Y esos son sólo por la R.

Escribo porque hay palabras que exigen, demandan, merecen ser puestas en ejercicio y sacadas a pasear, y no lo hacemos nunca. Son infinitas las oraciones que he escrito sólo para tener una excusa para usar palabras sabrosas. Cerúleo, nácar, ónice, azafrán. Y eso son sólo los colores.

Escribo porque no siempre quiero fastidiar a alguien con mis excesos, y el papel nunca se queja. Porque comparto la megalomanía Rakoffkiana de que lo que está en mi cabeza es algo que otros querrían escuchar, y lo cuelgo aquí con exhibicionismo esperanzado de recibir una respuesta.

Escribo porque creo ciegamente que las verdades más feas se pueden pulir hermosamente, y que todos los carbones tienen un potencial de diamante. Escribo porque esas cosas, habladas, no son editables, maquillables o photoshoppeables para lograr que tengan belleza. Pero escritas, sí.

Y es verdad, cada vez, me cuesta más. Me cuesta porque antes era más libre de lo que soy ahora, y cada día que pasa adquiero miedos nuevos. Antes, me permitía un desenfreno emocional al escribir que hoy en día me avergüenza un poco, y que fue el origen de mis mejores "piezas". Ahora, escribir en el momento más crudo me parece peligroso, y con la madurez tomo menos riesgos.

Los años traen consigo el pudor.
Pero qué aburrida sería la vida sin desnudarse.

Por eso escribo.
(Y porque me gusta)


PS: ¿Uds por qué escriben?

De repente, te lo encuentras...


Para Génesis Loizaga y Verónica Carvajal,
que seguramente saben lo que se siente.

De repente, te lo encuentras. Te sorprende haberte fijado en él, porque en realidad no se ve exactamente como los que siempre escoges, pero aún así hay algo en él que te llama. Quizás es por un instinto que vienes evolucionando, un sexto sentido desarrollado con el tiempo. Quizás es por curiosidad y ya. Pero te fijas.

Te atreves a acercarte lo suficiente como para darte cuenta que huele a todo lo que quieres: huele a la mezcla perfecta entre viejos continentes y callada madurez, con nuevas adicciones y experiencias desconocidas. Y te preguntas cómo es que sigue ahí, con ese olor a gloria, sin que nadie lo haya hecho suyo. Da lo mismo que no sea lo que buscabas. Cuando sabes que quieres algo, te deja de importar el precio que hay que pagar, o el riesgo de lanzarte a lo desconocido.

Si la suerte está de tu lado, al poco tiempo te das cuenta que estar con él es cómodo. Cómodo como si tuvieran una vida entera juntos, como si te hubiera acompañado ya a todas partes. Notas que él cabe perfectamente en todos tus tiempos libres (y en los no tan libres también). Y a veces, cuando no estás con él, te emociona pensar en el momento del reencuentro.

Te produce unas ganas locas de saltarte los pasos apropiados que dictan las normas escolares, las leyes cronológicas, y las reglas del Manual de Carreño. Lo quieres todo de una vez y no quieres esperar para tenerlo.

Pero si es de los buenos, de los pocos realmente buenos en esta vida, seguramente decidirás tener la paciencia como para ir conociéndolo como él quiere: de a goticas, caminando poco a poco a pesar del grandísimo territorio inexplorado que te queda por conquistar. A pesar de la promesa inminente de una aventura, justo a la vuelta de la esquina.

Eventualmente, llegará el momento en el que habrás pasado suficiente tiempo con él como para conocerlo todo. Ese momento en el que ya viste lo mejor y lo peor que te podía ofrecer. Y es en ese momento cuando sabes que lo encontraste: que existen estremecimientos que no desaparecen cuando se acaba la novedad. Que existe él, a quien puedes volver mil veces sin aburrirte ni un minuto, sin cansarte, sin querer cambiarlo. Que existe él, que sigue oliendo al mismísimo cielo, pero que además ahora huele un poco a ti.


Justo así es. 


Justo así se siente descubrir un buen libro.